Libros
VIVIR BIEN ES LEER POESÍA
Última actualización 31/07/2011@18:19:51 GMT+1
“Dedicado a todos aquellos que se perdieron en posibles primaveras”, avanza el poeta en la primera página de su poemario. Luego resulta que nadie acaba perdiéndose en esas “primaveras posibles”, sino que el lector/a acaba encontrándose con ellas en su contrapunto, en ese olor de las rosas en diciembre, una rara fragancia que tan sólo los seres sensibles son capaces de aspirar y de entenderse con ella, aunque la huella que dejemos sea en la nieve. Qué importa, todo este libro anima la sensibilidad, incluso a la más dormida. Y es que el poeta Dani G. Sanguino (Madrid, 1978) maneja como pocos el material altamente sensible de la vida, de sus momentos, de los aciagos y de los que han de celebrarse, del amor que se anuncia y, sobre todo, del amor que se fue, con toda la red tenticular que ello implica –que nos implica– hasta convertir un sufrimiento en algo incluso gozoso y liberador.
En su anterior obra de poesía, “Pasillos”, Dani G. Sanguino vestía de seda y oro la nostalgia, el recuerdo, los amores tempranos, entre otras muchas imágenes y tributos. Ahora, “Rosas en Diciembre” quiere clavar su daga en un tiempo detenido, en una suerte de transición hacia otros pasillos que no sabemos dónde terminan, porque el poeta sólo quiere sugerirnos dónde empiezan:
“Escalera con sandalias”
Yo esperando una nueva oportunidad en el último peldaño
Arrecife de coral en cuero marrón.
Lentamente deja deliberadamente sus pies medio desnudos
cada peldaño me lleva al cielo
Al purgatorio de ver el espectáculo único de sus pies bajando
Cinco ojos le miran diez corazones despiertos en la admiración
Del penitente con esperanzas hechas
Diez pétalos de dos hermosas flores aguardando la nueva buena
Y en el filo de dos fortuitas uñas delimitan
El horizonte del mar sábana diáfana donde la Tierra y el deseo se funden.
Siempre se ha alabado de Dani G. Sanguino su cuidada ortografía del amor. Es un poeta enamorado de ese sentimiento y de los versos que genera, que nos llegan como olas tranquilas que luego estallan furiosas en la orilla, desnudando nuestras contradicciones y sacudiéndonos como una puerta bandeada por el viento. Quien quiera sentir el placer de abandonarse a su gobierno, al del amor y al de su melancolía, en “Rosas en Diciembre” descubrirá siempre un pálpito inédito que se estrena en cada verso; aunque el poeta beba de muchos manantiales, siempre se baña en el suyo propio.
“ Qué harás esta noche? Tengo un plan si tú quieres
Sumerjámonos en la playa de Alfonsina
No temas, conmigo la tristeza no nos hará daño.”
Si el gran poeta escribió veinte poemas de amor y una canción desesperada, Sanguino escribe muchos versos desesperados y algunos que lo son menos, pero siempre con el amor y sus daños colaterales pilotando el barco sobre un mar que tan pronto nos brilla azul y límpido – “No he perdido ningún tesoro marcado en los mapas / sino que he recuperado un nuevo sentimiento/ en viejas fotografías con las esquinas dobladas. / No he perdido nada que no gane contigo todos los días.”– , como nos presenta un océano triste y amenazante con sus abismos, tanto que al propio poeta le inquietan: “Dejaré que el tiempo siga su paso lento / en esta estación de lágrimas / jugando con palabras locas que ya no entenderás/ deshaciendo entre los dedos los buenos recuerdos.”
Hay un poema que se escapa de todos, el último. Se titula “Ítaca”, esa isla en la que Homero dibujó la patria de Ulises hace casi 3.000 años y que C. Cavafis reinventó ya en nuestra era y que es referente inexcusable en todo poeta: en algún momento de su vida, de su obra, el trovador partirá de esa isla o intentará retornar a ella. Dani G. Sanguino dedica cinco páginas de versos perfectos a “Ítaca”, en un excelente epílogo de “Rosas en Diciembre”. Aquí no se van a glosar esos versos. Hay que leerlos para descubrir de nuevo la intensidad de lo que siguen siendo las Ïtacas, con el aliento propio e irrepetible de este gran poeta.
“Rosas en Diciembre.”
Dani G. Sanguno.
Editorial Endymion.
PVP. 10 euros.