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Viajes

En la Baja Normandía francesa, una ciudadela medieval sobre el mar que permanece intacta desde hace siglos

Última actualización 09/02/2011@12:07:54 GMT+1
• He aquí uno de los parajes más singulares, mágicos y bellos de Europa: el Monte Saint-Michel, en la Baja Normandía francesa. Se trata de una pequeña isla rocosa sobre la que se erige una ciudadela medieval y una imponente abadía benedictina que se conservan intactas desde que se construyeron, hace alrededor de diez siglos. Aunque ahora el Monte Saint-Michel está unido al continente por una carretera, durante cientos de años sólo permaneció accesible desde tierra cuando bajaba la marea. Cuando subía, ya no había retorno posible: el mar anegaba todos los accesos. Pero incluso si la marea estaba baja, todo el entorno se convertía –y hoy también– en una trampa mortal de fango y arenas movedizas que podían engullir fácilmente a los incautos.

• Y es que el Monte Saint-Michel fue en su momento una importante fortaleza defensiva donde la naturaleza se convirtió en su más eficaz parapeto. De hecho, durante la Guerra de los 100 años jamás pudo ser tomado por las tropas británicas, por mucho que lo intentaran. Era inexpugnable. En aquella época, en los siglos xiii y xiv, Saint-Michel ya llevaba mucha historia a sus espaldas.

• Cuenta la leyenda que fue en el año 708 cuando el obispo de Avranches, Aubert, soñó varias noches con el Arcángel San Miguel, quien le pidió que erigiera un templo en su honor. Y así lo hizo. Nacía así esta joya arquitectónica románica y gótica, Patrimonio Mundial por la Unesco, que pronto se convirtió en un importante lugar de peregrinación. No tardó en edificarse una abadía benedictina en torno a la cual, durante la Edad Media, se fue configurando la ciudadela, cuyos habitantes vivían de la elaboración y venta de velas votivas en honor del Arcángel San Miguel, cuya estatua corona la abadía a 170 metros sobre el mar.

• Hoy, siglos después, la abadía y las laberínticas calles de la ciudadela siguen incólumes, como si el paso del tiempo no las hubiera rozado. Saint-Michel se encuentra a menos de cuatro horas de París y desde allí hay excursiones diarias de las que se informa en cada hotel. Quienes lo han visitado, siempre sueñan con volver.
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