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Libros

Autor: Stieg Larsson. Ed. Destino / 20,50 euros cada volumen

Por Narcís Fernández Rubio
Última actualización 14/10/2009@21:37:44 GMT+1
• Millones de ejemplares vendidos en todo el mundo... La primera de las novelas de la trilogía ha sido llevada al cine en una película de gran éxito y el estreno de la segunda está a la vuelta de la esquina... Han sido los libros más leídos y más vendidos durante este verano, y se seguirán leyendo y vendiendo durante un tiempo que se augura largo... ¿Qué tienen estas tres novelas para levantar tanta pasión?

• Los títulos son la mar de sugestivos, pero a la hora de escudriñar qué encierran dentro para comprender el furor que han despertado, lo primero que le asalta a quien escribe estas líneas es la perplejidad. Pero la perplejidad, pese a tratarse de una reacción elocuente, nunca es una explicación...

• Ya con la aparición de la primera novela, “Los hombres que no amaban a las mujeres”, desde esta sección se advirtió que la narración incurría en defectos (ver nº 70 de “Vivir Bien”). O lo que es lo mismo: el novelista carecía de la habilidad propia del oficio para desarrollar la trama con la cadencia y la densidad que necesita una novela. Pero también se apuntó que se trataba de una novela de intriga, y que a pesar de sus defectos conseguía intrigar. Y, así, después de esta entrega aparecieron “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” y, acto seguido, “La reina en el palacio de las corrientes de aire”. Un “boom” editorial como pocas veces se ha visto.

• El caso es que los defectos de la primera entrega, en las siguientes aparecen multiplicados. Sin entrar en detalles, basta con remitirse a las opiniones de los lectores en internet. La mayoría coinciden en que hay episodios redundantes que no aportan nada a la narración. Dicho en plata: a esta trilogía le sobran páginas. Pero el caso es que todas las opiniones son de lectores que se han leído de cabo a rabo los tres libros y que, además, les han gustado muchísimo. En esto son unánimes.

• Así que la cuestión sigue en aire: ¿qué tiene la trilogía “Millennium”? Es más: ¿por qué levanta tantas pasiones, cuando la mayoría de sus lectores coinciden en que el texto anda muy lejos de la perfección? Evidentemente, debemos buscar sus valores fuera del ámbito literario.

• Si en la reseña que se dedicó en estas páginas a la primera entrega se señaló a un personaje que era una auténtica cresta en una narración más bien plana, a estas alturas ya lo podemos desvelar y nombrar directamente, pues su fama ha trascendido: Lisbeth Sallander, la protagonista indiscutible de la serie. Cierto que existe otro protagonista, el periodista Mikael Blomkvist. Incorregible mujeriego, es un idealista que escudriña en los rincones más oscuros de una sociedad de aparente bienestar, como es la sueca, y los saca a la luz. El resultado es que muestra la cara oculta de una sociedad —la nuestra— y su actitud trasciende al lector: no podemos permanecer de manos cruzadas. En este sentido, viene a ser una especie de Quijote. Pero, como en la novela de Cervantes, el personaje que nos cautiva de verdad es Sancho Panza. Y el Sancho Panza de “Millennium” es Lisbeth Sallander.

• Como un sombrero bien puesto, cuando Blomkvist aparece, pues está ahí y seguimos leyendo, pero cuando no está no lo echamos tanto en falta como a Lisbeth Sallander. Los pasajes en los que la protagonista aparece suben de tono, se leen con fruición. Desarraigada de la sociedad, desconfía del poder y de las leyes. Estrafalaria a su manera y terriblemente introvertida, tiene sus propios códigos morales y actúa conforme a ellos con un sentido de la ética inquebrantable. Es un personaje débil que despierta nuestra simpatía al instante. Y, sin embargo, pese a su debilidad se enfrenta al poder y es el eje de una trama política y de espionaje que involucra al propio Estado y pone en jaque los valores de la democracia.

• La trilogía, a través de Blomkvist y Sallander, apunta a una intriga de muy altos vuelos. Y las intenciones del autor llegan al lector mediante estos personajes y los secundarios que pueblan la novela. “Millennium” pone el dedo en llagas abiertas en la democracia y sus valores. Pone el dedo y, además, aprieta. El caso es que podía haberlo hecho de muchas maneras, pero la opción de emplear a la insólita Lisbeth Sallander como hilo conductor constituye el mayor de los aciertos. “Ningún sistema de seguridad es más fuerte que su usuario más débil”, afirma Sallander en un momento. Y la debilidad de la sociedad del bienestar, un gigante con pies de barro, es lo que trasciende de la trilogía, con la recomendación de no permanecer pasivos. La fuerza simbólica de Lisbeth Sallander (y de Blomkvist), conecta con los más diversos lectores. No sé si esta fuerza simbólica constituye una explicación plausible del enorme éxito de estas tres novelas. En cualquier caso, resulta imposible que Lisbeth deje indiferente a nadie.
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