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Viajes

Playas de arena blanca y fina, soberbios acantilados y aguas cristalinas sin la masificación de otras costas

Última actualización 31/07/2009@14:36:17 GMT+1
La cala de Bibineca, en Sant Lluís, con casas que evocan el antiguo poblado de pescadores.
• En el sureste de Menorca, cerca de Mahón, el pequeño municipio de Sant Lluís es sin duda uno de los destinos tranquilos de las Baleares. Una arquitectura blanca y brillante, con casas bajas y techos de teja rústica, configura este pueblo menorquín de calles angostas que albergan una sorpresa: los tres molinos de viento que, en el mismo casco urbano, siguen exhibiéndose, orgullosos, desde hace 300 años.

• El contrapunto a este pueblo tranquilo y hospitalario es su hermoso litoral, bravo y accidentado, bello y salvaje. El paisaje natural que nos muestra ofrece tal variedad que las mansas playas vírgenes de fina y blanca arena conviven junto a soberbios acantilados cuyas crestas se reflejan en las aguas transparentes de las calas. Un paraíso, qué duda cabe.

• Frente a la costa de Sant Lluís, a sólo 2.000 m de distancia, la Isla del Aire nos recuerda su presencia por el faro que la corona. En este islote de 34 hectáreas se encuentra una lagartija endémica, la sargantana negra, llamada así por ser de color muy oscuro. Y está tan estrechamente unida a la isla que la cobija que, si se la aleja de su hábitat natural, su piel (dicen) se torna verde, como la de las lagartijas corrientes.

• La costa de Sant Lluís está salpicada de playas y calas, algunas hermosas y tranquilas, y otras quizá demasiado urbanizadas. Pero hay donde elegir. Las de Rafalet y Biniparratx, por ejemplo, aún se mantienen ajenas a la urbanización turística. La primera tiene, además, un espléndido encinar. La segunda, unas interesantes cuevas prehistóricas.

• Las calas de Binissafúller y Biniancolla todavía conservan sus típicas casetas de pescadores mirando al mar. La cala Binibeca es una de las más famosas de Sant Lluis. Allí se erigió hace años una curiosa urbanización cuya arquitectura recrea la de los antiguos poblados de pescadores, con casas tan blancas que deslumbran y que contrastan con el intenso azul de sus puertas. Por sus estrechas y animadas callejuelas pasean los turistas sin rumbo fijo –pues así deben ser las vacaciones– tras un día de playa y a la espera de la hora de comer o de cenar. Porque Sant Lluís tiene una excelente oferta gastronómica, como el oliaigua con tomate –una singular sopa–la caldereta de langosta o el perol de salmonetes.

••• Más información:
• Ayuntamiento de Sant Lluís
% Telf: 971 15 09 50
www.ajsantlluis.org
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El faro de la Isla del Aire, frente a Sant Lluís.
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