Libros
NI UN DÍA SIN LECTURA
Editorial Maeva. Precio: 21,50 euros.
Por
Narcís Fernández Rubio
Última actualización 15/03/2009@18:39:27 GMT+1
• Cada viernes, en la tienda neoyorquina de lanas de Georgia se reúne un grupo de mujeres. Hacen punto, charlan... Y se entremezclan historias de anhelos y miedos mientras se da un punto al derecho y otro del revés. Mediante un sugerente paralelismo entre el paciente arte de hacer punto, con sus variantes dependiendo del fin que se pretenda, la escritora Kate Jacobs traza en ésta su primera novela una conmovedora metáfora sobre la vida. El libro atrapa desde las primeras páginas, lo cual ya es un gran mérito. Y es que, todo sea dicho, esta novela es de ésas en las que “pasan muchas cosas”. Y, como acostumbra a ocurrir en ellas, el lector sólo desea saber qué ocurre en la página siguiente. Y así hasta terminarla. Mejor: hasta haberla devorado.
• El caso es que resulta bastante dudoso que “El club de los viernes” pase a la historia de la literatura como una gran obra. No lo es. En el aspecto técnico muestra defectos de construcción, así como un adocenamiento estilístico que obliga a estereotiparla entre ese tipo de publicaciones que son los best sellers al uso. Pero, con todo (y conviene remarcarlo), la novela atrapa. Y atrapa a cualquier tipo de lector. ¿Por qué el lector exigente, durante su lectura, es capaz de pasar por alto los defectos y seguir adelante? Pues por tres razones muy sencillas: la primera (ya se ha dicho) es que “pasan muchas cosas”; la segunda es que, a pesar de los defectos, la narración se transmite con una escritura fluida, con una corrección aceptable; y la tercera, y más importante, que la escritora ha realizado su novela con convencimiento. La falta de brillantez queda compensada por la pasión desplegada en su trabajo.
• Pero hay más. Se trata de una novela “de mujeres” y, en principio, “para mujeres”. Esta característica se traduce en que transmite un punto de vista particular sobre la vida y sobre las cosas de la vida. A este respecto quizá resulte oportuno recordar aquí aquella estupenda película titulada en España “Algo para recordar”. En ella se remarcan constantemente las diferencias entre hombres y mujeres, siempre bajo el prisma femenino, y esto da lugar a ingeniosas y efectivas escenas con amables bromas sobre el asunto. En particular, se reitera hasta la saciedad que hay películas “para mujeres”. Películas que sólo entienden las mujeres y que dejan indiferentes a los hombres. Esto es así. Y lo mismo ocurre con las novelas y con todas las facetas de la vida.
• Se me va permitir que de nuevo me remita a otra estupenda película, “La costilla de Adán”, y que repita con entusiasmo su frase final: “¡Viva la diferencia!”. Desde luego, “Cumbres borrascosas”, “Orgullo y prejuicio” y otras grandísimas novelas no hubieran sido posibles de no haber sido escritas por mujeres. Un hombre las hubiera abordado de otro modo. No serían lo mismo...
• Tampoco serían lo mismo las novelas policíacas de Agatha Christie ni las de P. D. James, en las que abundan las observaciones nimias y la atención a detalles sutiles, muy propias de la sensibilidad femenina. Mención aparte se merece Ruth Rendell, que posee estas finas cualidades unidas a cierta morbosidad, formando un cóctel que otorga un sello inconfundible a sus mejores novelas.
• Las pequeñas cosas, incluso las triviales, pueden llegar a tener tanta importancia como las grandes. Todo importa. Pero en las novelas escritas por mujeres la observación de lo trivial y lo detallista forma como una especie de sello distintivo. Y es todo un arte, muy difícil, elevar lo pequeño y trivial a emoción, haciéndolo grande. Constituye una delicia para cualquier lector cuando este singular efecto está conseguido. “El club de los viernes” posee esta virtud. Y como consecuencia la novela no sólo atrapa, sino que además (y a pesar sus defectos) ofrece una lectura deliciosa. En definitiva, una novela “para mujeres” capaz de emocionar por igual a hombres y mujeres. Léanla ya mismo, no esperen a que se estrene la película que protagonizará Julia Roberts. El placer de una entretenidísima lectura está asegurado.