Libros
NI UN DÍA SIN LECTURA
MURIEL BARBERY
ED. SEIX BARRAL
19,50 euros
Por
Narcís Fernández Rubio
Última actualización 17/05/2009@19:23:30 GMT+1
• Una novela difícilmente clasificable, pero que gusta a todo tipo de público, que entretiene mientras se lee y que, cosa importante, deja un poso bastante notable al terminarla. De la gran aceptación entre los lectores, los datos hablan por sí solos: más de un millón de ejemplares vendidos en Francia, multitud de traducciones y hasta va a rodarse una película, si no se está rodando ya. Se trata, qué duda cabe, de un verdadero fenómeno editorial y social.
• El caso resulta sorpendente. Narrada a dos voces, la de una mujer y la de una niña de doce años, la novela con frecuencia abandona el terreno puramente de acción y deriva hacia vericuetos más propios del ensayo. Incluso el lenguaje adquiere el tono doctoral de una tesis; de la ficción pasamos a la opinión y nos adentramos en temas como la crítica de la filosofía de Husserl o el psicoanálisis. Resulta grato que en estos tiempos de novelística mayoritariamente superficial y coyuntural podamos encontrar un texto que se atreva a abordar la fenomenología de Husserl sin remilgos, sin el tono vergonzante que por lo general se emplea cuando la pluma se zambulle en el terreno de la “cultura”. Lo “intelectual”, aquí, se expresa sin rebozo, algo que, salvo excepciones, no se daba desde mediados de los años setenta, cuando el intelectual y la intelectualidad empezaron a recibir muy mala prensa. Aquí la autora, que no en vano es profesora de Filosofía y, en consecuencia, el pensamiento forma parte de su cotidianidad, no se sonroja por mostrar al público que se trata de una persona cultivada: ni se sonroja ni adquiere impostura alguna. Y todo ello lo hace de la mano de la portera de un edificio de vecinos y de una niña superdotada, tan superdotada que pese a su corta edad posee más información que la mayoría de adultos. Más desparpajo, imposible.
• Lo sorprendente no es que este panorama se despliegue sustentado por el eje de tres personajes centrales imposibles en el mundo real (las dos voces narradoras más un vecino también increíble, incluso en una ficción); lo sorprendente es que en estos tiempos de superficialidad el público haya respondido de manera tan clara a una propuesta novelística de semejantes características. ¿Qué diablos le puede importar al gran público la crítica de la filosofía de Husserl? Más aún: ¿qué obtiene de conocer la opinión de la autora sobre el pensamiento en general, al que ella considera un mero lujo de nuestras capacidades, una necesidad más fisiológica que intelectual? Desde luego, esta idea puede resultar reduccionista, pero también plausible para la ciencia; lo que nunca la considerará el gran público es un motivo de distracción al uso, que es lo que mayoritariamente busca en la novelística actual.
• En algunos aspectos, dado lo disparatado de la propuesta y de los personajes, “La elegancia del erizo” hasta puede hacernos evocar a más de uno el universo de los cronopios de Julio Cortázar. Pero no vamos a dejarnos llevar tan lejos: ni Barbery es Cortázar, ni los cronopios que nacieron en los años sesenta son trasladables a estos tiempos de hoy. Sin dejar de reconocer los méritos de la novela de Barbery, lo cierto es que algo hay en ella que tiene un regusto edulcorado, acorde con estos inicios del siglo xxi. También, sin embargo, se señala en ella el fracaso del liberalismo, algo que estamos viviendo hoy por muchos parches que le estén aplicando los gobiernos.• Una novela, en definitiva, que gusta mientras se lee, no disgusta evocarla y en la que sólo chirría cierta melifluidad.Con sus defectos, se halla a buena distancia de cualquier adocenamiento.