Libros
Autor: San Savage.
Edittorial: Seix Barral
Precio: 16,50 euros
Por
Narcís Fernández Rubio
Última actualización 25/05/2008@17:13:36 GMT+1
••• Expresado en pocas palabras, el argumento de esta novela podría resumirse de este modo: la vida de una rata nacida en una librería y que se alimenta de libros y de lecturas. El laconismo del enunciado expresa a las claras que nos hallamos frente a una fábula, incluido el inevitable animal o animalillo con atributos humanos. Y esto está bien, por cuanto una corta frase no sólo revela un argumento, sino que no oculta la intencionalidad a la que obedece.
••• Ocurre que las fábulas, por su propia naturaleza, acostumbran a ser muy breves y muy simples, infantiles con frecuencia. Pero encierran una amable grandeza. Apuntan directamente a los eternos temas que preocupan al ser humano. La relativa delgadez del libro (222 páginas) apunta sabiamente en la dirección de la brevedad. En cuanto a los acontecimientos que se desarrollan en él, narrados en ocasiones con ácido humor y en otras con pesadumbre, el lector va descubriendo que señalan muy alto. Con la simpleza propia de las fábulas, llaman la atención ni más ni menos que sobre la decadencia y el fin de nuestra civilización. Al menos de cierto modo de entender la civilización, simbolizado aquí por el gusto que el protagonista ratonil siente por los libros. Empieza comiéndoselos, cosa muy natural en una rata, pero termina leyéndolos, lo que ya es pura fábula. Y, sobre todo, expresa un modo de estar en el mundo y de entenderlo.
••• La propuesta, en principio, resulta atractiva. Y ha calado con fuerza en el público, a juzgar por las pasiones que está levantando, hasta el punto de que, poco a poco, “Firmin” va camino de convertirse en una novela “de culto”. Lo más curioso es que se trata de una obra novel de su autor. Profesor de Filosofía, Savage ha desempeñado oficios tan variopintos como mecánico de bicicletas, carpintero, pescador y tipógrafo. No nos hallamos, pues, frente a un escritor avezado, ducho en recursos literarios.
••• Más curioso aún resulta que la novela fue publicada en una pequeña editorial de Minneapolis, fuera de los grandes circuitos editoriales. Esto ocurrió en 2006. A finales de 2007, hace muy pocos meses, el libro había alcanzado fama internacional y los derechos mundiales han sido adquiridos por la editorial española Seix Barral. Salida de una mínima editorial de pueblo, se ha convertido en un terremoto literario. Con la compra de un ejemplar de la novela hasta parece que se está regalando un “pin”, para que los fans puedan lucir con orgullo el dibujo de “Firmin” que aparece en la portada.
•••Estrategias comerciales al margen, lo cierto es que la fama de este libro se ha cimentado mediante el boca a boca. Su mejor aval han sido los propios lectores. Y algo especial debe de tener una novela cuando se convierte en fenómeno.
•••Pero, en contra de ciertas afirmaciones entusiastas vertidas en algunos medios, la realidad es que no estamos frente a una novela que se defiende por sí misma. Una lectura atenta revela carencias. A pesar de que se advierte pronto que el autor bebe de fuentes que han vertido obras de gran altura en la literatura norteamericana (la sombra de Hemingway es alargada) no hay un estilista del lenguaje detrás. A la relativa rusticidad del lenguaje hay que sumarle una también relativa arbitrariedad en la selección y en el empleo de los elementos que conforman la narración, de manera que se tiene la constante sensación de que las cosas no terminan nunca de encajar. Y, desde luego, Firmin no es una rata, sino un ser humano en el cuerpo de una rata, algo que tampoco está jugado con habilidad. Simplemente, así lo quiere el autor. Pero ni lo elabora ni lo usa para sorpendernos de manera efectiva. Al cabo, la sensación resultante es de escasez. De sosez, para ser del todo claros
••• En estos tiempos de libros sobre templarios y códigos retorcidos, reflejo de mentes a las que parece haberles dado un calentón que luego han contagiado al público, desde luego resulta plausible que llame la atención la ingenuidad y la simpleza de una fábula como “Firmin”. Pero el libro es sólo eso: una simpleza. Y está hecho con tan escasa gracia que la pregunta que cabe plantearse es la siguiente: dadas las pasiones que levanta esta novela, ¿es “Firmin” el fenómeno, o el fenómeno lo son los lectores?