Libros
Gabriel García Márquez.
Cátedra /Letras Hispánicas.
Por
Narcís Fernández Rubio
Última actualización 15/04/2004@00:00:00 GMT+1
•••En este 2007, los cincuenta años transcurridos desde la publicación de “Cien años de soledad” coinciden con los 80 años cumplidos por su autor, Gabriel García Márquez. Considerada como la segunda novela más importante en lengua castellana, después del Quijote, “Cien años de soledad” nos penetra a todos como un torrente. Parece obra de un mago. Sin embargo, todo espectáculo de magia conlleva un elaborado trabajo entre bastidores para crear la ilusión. Y ahí radica el mérito del ilusionista. La baraja con la que trabaja García Márquez es, obviamente, el lenguaje. Cada página está trabajada con la meticulosidad de un artesano concienzudo. Pero la magia persiste a pesar de sabernos ante un artesano del lenguaje.
••• En la novela suceden acontecimientos que escapan a la lógica, tales como la ascensión a los cielos de una muchacha, las levitaciones de un sacerdote o las reapariciones de difuntos; están contados por una voz narrativa en tercera persona que mantiene el mismo tono con el que se nos relata un suceso cotidiano y perfectamente lógico. El efecto es el mismo que nos produce un mago que no se viste de frac para salir al escenario: su magia nos asombra el doble porque no estamos “en disposición” de asistir a un espectáculo cuyo fin último es asombrarnos. Si, encima, el asombro va acompañado de una belleza que nos cala, rozamos ya el deleite de lo sublime.
••• Cierto que también lo sublime requiere una labor tras el escenario, y que esta labor puede ser explicada. Una pequeña pista: en “El amor en los tiempos del cólera”, posterior a “Cien años de soledad”, hay una somera descripción de unos “cuervos perfumados”. La frase, tan sencilla como bella, genera una imagen inusual, sorprendente, extraña. Nos hallamos frente a un oxímoron, que consiste en enlazar una palabra a otra opuesta. Es un recurso muy presente en García Márquez, y que nos lleva al inicio de “Cien años de soledad”, cuando el coronel Aureliano Buendía, frente al pelotón de fusilamiento, recuerda “aquella tarde en que su padre lo llevó a conocer el hielo.” El frío, lo gélido, ha irrumpido en las latitudes de Macondo, que imaginamos muy cálidas. De nuevo, la paradoja.
••• Este mago del lenguaje, al que se le pueden adivinar algunos trucos, quizá no alcance la altura de un Julio Cortázar, a quien es difícil adivinarle los artilugios del oficio en sus párrafos más conseguidos, pero es indudable que nos hallamos, en cualquier caso, ante una novela y un autor con estatura de gigante.
••• El cincuenta aniversario de la publicación de “Cien años de soledad” es un buen motivo para releerla. El disfrute está garantizado. Y si no se ha leído, esa ausencia hay que cubrirla cuanto antes. Es una novela que no debe faltar en nuestra biblioteca.