Jardín
Última actualización 14/12/2010@20:48:51 GMT+1
El rosal, qué duda cabe, es una de las plantas más apreciadas entre los aficionados/as a la jardinería.
• Bella y elegante como pocas, la rosa se alza cada primavera como la reina entre las reinas. Virtudes no le faltan: un aspecto hermoso, un sinfín de variedades para todos los gustos, una elevada resistencia al frío y poca necesidad de agua.
• Sin embargo, la rosa tiene un punto débil: las plagas que la amenazan cada primavera. La lista es extensa: oidío, mildíu, botritis, cochinilla, pulgón, roya, mosca de la sierra, orugas y hongos.
• Los insecticidas y fungicidas pueden mantener a raya al enemigo, pero un modo de prevenir su ataque es plantar lavanda –Lavandula angustifolia– en la base del rosal o en tiestos cercanos a la planta. Y es que la lavanda despide un agradable perfume que ahuyenta a los pulgones. Todo lo contrario que las petunias, que los atraen, de modo que no las plantes cerca de tus rosales.
• LUZ: a pleno sol.
• RIEGOS: moderados en época de crecimiento y escaso en invierno; cuando esté en flor, riega al menos dos veces por semana.
• PLAGAS: oídio –moho en hojas y tallos tiernos–, cochinilla –manchas blancas en las hojas–, botritis –pelusa gris en la planta–, roya –puntos naranjas en las hojas–, mildíu –manchas grises en hojas y tallos–, mosca de la sierra –los bordes de las hojas se enrollan–, pulgón –diminutos insectos bajo las hojas–, orugas –hojas con agujeros– y diclocarpón, cuyos síntomas son manchas negras en las hojas. Todas se combaten con insecticidas y fungicidas específicos.
• PODAS: dos veces al año, a finales del invierno y en otoño